¿Por qué una deportista advierte un error arbitral en su contra en vez de ganar a toda costa? Ángela Mori, embajadora PRO, sabe lo que es trascender y ahora busca ser campeona de tenis de mesa en los Juegos Panamericanos Lima 2019.  

Podría decirse que, en el reglamento interno de Ángela Mori, ser honesta consigo misma es sentirse realmente ganadora. El mundo competitivo del deporte nos ha hecho creer que las victorias se alcanzan de cualquier forma, haciendo válida la frase maquiavélica “el fin justifica los medios”, o naturalizando las “criolladas” o trampas, para ser más exactos y claros.

Pero para Ángela, la tenista de mesa que representa al Perú en los Juegos Panamericanos Lima 2019, un triunfo con esas características, así haya sido por detalles involuntarios, simplemente es inaceptable. Eso le ocurrió cuando era categoría juvenil durante una Copa Regatas, en la que hizo válidos sus argumentos sobre por qué ganar debe ser solo una consecuencia de un juego efectivo y limpio.

En un partido de tenis de mesa se suelen jugar 3, 5 o 7 sets de 11 puntos cada uno. El ganador es el primero que supere la mitad del total de los sets. En la final de esa competencia, Ángela recuerda que estaba perdiendo 2 sets a 1. El tercer set fue muy reñido y en un momento el marcador dictaba 10-9, a favor de ella. Estaba a punto de ganar el set y empatar el marcador general.

En este deporte, la pelota de 2.8 gramos de peso puede viajar a una velocidad de 160 kilómetros por hora. No existe el ojo de halcón del tenis o el VAR del fútbol: el cobro de puntos depende de la capacidad y rapidez del árbitro. O de la honestidad de los jugadores.

Ángela escuchó que la pelota lanzada por su contrincante de turno había rebotado en su lado. Por consiguiente, era punto para su rival. Sin embargo, el árbitro no se dio cuenta y marcó el punto para ella. Así que, en un arrojo de valentía y honestidad, le avisó al juez que pite correctamente.

–Yo no iba a poder vivir tranquila sabiendo que le había robado un punto. Le dije al árbitro y me preguntó si estaba segura. “Sí, claro”, le contesté inmediatamente –rememora, como si quisiera dejar grabado su recuerdo como una lección.

Al final, Ángela perdió el partido. Pero dice que terminó satisfecha porque hizo lo correcto; lo que haría una chica correcta. La honestidad, que se presenta de muchas maneras en la vida, aquella vez adoptó la forma de la tranquilidad. Su voz firme señaló el error del réferi porque, en ese entonces, sintió que era necesario. Porque para ella, no hay nada mejor que gozar de un triunfo completo, sin controversias ni discusiones.

El inicio de la disciplina

Una mirada convencional de la vida nos podría indicar que los niños, en su mayoría, no sienten grandes responsabilidades. En esa etapa inicial, solo quieren divertirse y descubrir nuevas cosas de su edad. Sin embargo, desde los ocho años, Ángela empezó a distinguirse por su puntualidad, una característica más rara aún en un país que acuñó la frase “hora peruana” para justificar las tardanzas.

Si los entrenamientos eran a las diez u once de la mañana, ella tenía que estar mucho antes. Media hora, por lo menos. La puntualidad, para Ángela Mori, es un valor fuera de discusión, la manera correcta de enfrentar sus retos. Ella dice que llegar tarde a un lugar sería fatal. Su padre, Enrique Mori, recuerda –en un video preparado por el Instituto Peruano del Deporte (IPD)– la disciplina que tenía su hija desde muy pequeña.

“Los entrenamientos de los sábados eran de once y media de la mañana a una de la tarde y el profesor siempre demoraba un poco. Como era fin de semana, le decíamos para ir un poco más tarde, pero ella me indicaba que fuéramos temprano. Nunca llegó tarde. Nos sacaba desesperada para poder entrenar”, cuenta su papá.

Fue en su colegio, Sophianum, donde descubrió el tenis de mesa, casi por accidente. Su mamá, Hermelinda Ríos, estaba llevando un curso de computación en dicha escuela y la pequeña Ángela, de ocho años, solía esperarla haciendo sus tareas o jugando con sus amigas. Como esos momentos coincidían con las clases de tenis de mesa, una vez el profesor de este deporte invitó a las niñas a practicarlo.

“Desde ese día no salió nunca más de la sala de tenis de mesa”, señaló su mamá entre risas en ese mismo video del IPD.

Antes, en vacaciones útiles, ella había practicado tenis de campo, gimnasia, natación, pero no quedó satisfecha. Cuando se cruzó con el tenis de mesa, supo que era el deporte perfecto. Lo asumió como una disciplina muy diferente al juego recreativo conocido como ping pong, ocasionalmente practicado por aficionados en momentos de ocio. Con una raqueta y una pelota en sus manos, la búsqueda había terminado.

–No me gusta estar al aire libre. Yo no soy la típica deportista que ama correr y ese tipo de cosas, por eso pienso que el tenis de mesa es el deporte ideal para mí.

El duro proceso

Poco a poco fue mejorando. Alrededor de los diez años su desarrollo era notable. Ella se sentía en mejor forma y capaz de entrar a un seleccionado. Como todos los años había selectivos para descubrir nuevas promesas del tenis de mesa, ella confiaba en quedar calificada si participaba en un certamen de este tipo. Sin embargo, fue su entrenador quien le dijo que todavía no estaba lista.

Por entonces, la edad mínima para competir en un torneo en el extranjero era de trece años. Considerando ese detalle, según el técnico, era mucha diferencia. Él aseguraba que todavía era muy inmadura y posibles resultados negativos podrían afectarla.

–Quería que esperáramos hasta que yo esté en el tope de la categoría mínima para llevarme recién a jugar a un selectivo. Parece que tuvo razón porque en marzo de ese año integré la selección y en abril jugué mi primer latinoamericano y quedé campeona –cuenta con orgullo la tenismesista número uno del país.

En realidad, la edad nunca fue un problema ni una excusa para ella. Lo que para otras personas hubiese sido un gran escollo, no lo fue para Ángela. En su carrera deportiva, siempre jugó contra rivales mayores. Tuvo que afrontar ese reto desde los doce años cuando pasó la prueba selectiva y luego clasificó en la categoría mayores para participar en los Juegos Odesur de Argentina, en el 2006.

–Lo he tomado como algo normal. No me fijo en la edad de mis rivales, solamente en cómo juegan y en qué tengo que hacer para ganarles.

Eso implica concentración. De lo contrario, puede desencadenarse una derrota. En el tenis de mesa, los puntos se dan muy rápido y si el deportista se distrae o desvía la mirada solo escuchará el impacto de esa pequeña pelota en el lado de la mesa que defiende y no tendrá respuesta.

–Cuando tienes el saque, debes pensar en dónde vas a poner la pelota y cómo vas a plantear la jugada. Y cuando te toca recibir, tienes que estar muy atento al efecto que imprima el otro para ponerle la pelota en el lugar más complicado y no pueda hacer la jugada que tenía planeada. Es un juego de mucha estrategia –explica, demostrando su experiencia.

El primer mundial de la disciplina que Ángela jugó fue en Suecia, en el 2008. A la peruana no le fue como quería y no clasificó a la siguiente ronda, pero tuvo que enfrentarse a la tenismesista Dora Madarasz, de Hungría, en una rueda de consuelo. Dora era la campeona europea y una de las favoritas para ganar el torneo, pero esa vez tuvo que pagar caro un desliz de su equipo.

La tenismesista peruana ya había perdido con Dora en dos torneos anteriores. El coliseo apoyaba a la europea, pero Ángela no se inmutaba. Ella dice que, cuando juega, su concentración le impide distraerse con gritos de las tribunas, pero en esa ocasión fue imposible no escuchar los murmullos y burlas por parte de los compañeros de Dora, que se encontraban en la zona técnica.

–Yo sabía que la chica jugaba muy bien, pero las faltas de respeto no me agradan. Me molesté y empecé a jugar muy bien. La chica se asustó y le gané –recuerda.

Era previsible que se diera esa victoria, no solo por su talento, sino por ese reglamento interior que siempre la guía. Si Ángela es incapaz de ganar con alguna “viveza” o trampa, porque ser una tenismesista correcta y honesta siempre está por delante de todo, tampoco iba a aceptar que le ganen de manera injusta. Y así lo demostró.

Sin embargo, uno de sus logros más importantes fue cuando quedó en quinto puesto en dobles mixtos en el Mundial Juvenil de Bratislava, Eslovaquia, en el 2010. Una victoria que se maximiza al saber que nunca había jugado junto a su pareja de equipo, el paraguayo Marcelo Aguirre. Superaron a una pareja de Egipto, Hong Kong, Taipei y a un sueco que hacía pareja con una hongkonesa. La deportista explica que en ese torneo solo perdieron con un equipo chino y los cuatro primeros puestos del certamen fueron de dicho país oriental, potencia de esta disciplina.

Pero Ángela aún sueña en grande. Todavía no anota sus puntos más valiosos. Ganar un panamericano o participar en una olimpiada son aquellas metas que están al otro lado de la mesa.

El abrazo de la familia

Cuando un deportista inicia su carrera muy joven, la familia es un pilar importante para tres propósitos: motivar su desarrollo, evitar que se quede en el camino y alcanzar el éxito. Ángela siempre tuvo la protección incondicional de la suya. El apoyo emocional y el acompañamiento en cada uno de sus triunfos y derrotas le ha permitido sentirse respaldada para esforzarse al máximo en cada competencia.

Si la familia es la cuna de los valores, Ángela decidió afrontar así sus retos, haciendo de la honestidad su principal recurso de juego. Su mamá siente que fue un proceso difícil, pero desde el primer momento estuvieron de acuerdo en participar todos juntos. Ella sabe que su hija se ha esforzado mucho por llegar a conseguir todos sus logros y convertirse en una referente del tenis de mesa en el Perú.

“Realmente me ha hecho vivir los momentos más emocionantes de mi vida y he tenido la suerte de acompañarla desde la primera vez que fue campeona latinoamericana. Me emociono muchísimo cuando pienso en ello”, menciona orgullosa en el video preparado por el IPD.

Los Juegos Panamericanos Lima 2019 significa una prueba dura para Ángela. Y su familia, como en toda su carrera, va a estar allí, con ella. Mientras le pegue a la pelota con la raqueta, su familia le dará palabras de aliento. Gritarán su nombre y harán fuerzas para que le vaya bien. Serán un abrigo contra la dureza de la competencia.

—Es importante que nos vaya bien por el hecho de ser locales y porque es uno de los eventos más grandes, solo por debajo de las olimpiadas. Toda mi familia ha comprado entradas y eso me llena de mucha emoción.

Una deportista como Ángela, que es capaz de señalar los errores arbitrales en su contra, ganarle con pundonor a su rival por una falta de respeto o forjarse una disciplina casi militar para entrenar, tiene claro cómo quiere seguir haciendo historia: convertirse en la mejor tenismesista del mundo y darle una alegría al Perú, pero siempre con una lección sobre la mesa: ganar te da satisfacciones importantes, pero lo que realmente te hace trascender es ganar de manera correcta y honesta.